Preguntas Frecuentes

 

nacho celayaAnte la pregunta: ¿Porqué hay gente que duerme en la calle?, y después de hacer silencio, porque los desheredados de la tierra nos ponen delante -una vez más- un espejo donde medir nuestra calidad humana… Lo primero que me surge es que duermen porque esta sociedad está enferma de insolidaridad y mientras hay gente que -de manera vergonzosa- derrocha bienes y hace ostentación de su riqueza, hay millones de personas que no tienen acceso a los mínimos derechos que otorgan la dignidad a las personas y en este sentido el techo, la casa, el hogar, es un elemento esencial.
Pero dicho esto, como denuncia y vergüenza y porque sólo se puede cambiar el mundo desde la esperanza… Me surge de lo profundo del corazón, la palabra gratitud… Gratitud hacia esta red de solidaridad que en nuestra ciudad de Zaragoza, aborda el complejo mundo de los sin techo… Una red tupida que conforman entidades públicas y sociales… y que ya sea verano o invierno: conoce, cuida, atiende, acoge y deriva a todas las personas que por multitud de causas, necesita disponer de un espacio digno donde vivir.
Por eso, en Zaragoza son pocas personas las que duermen en la calle… Pero te puedo asegurar que cada una de ellas, son un motivo de reflexión y de denuncia de un mundo que ha puesto por delante de todo, el progreso y el dinero… por encima de las personas.

Terminaré confesando una pregunta que me hace siempre mi madre… pero, y si existen tantos recursos, ¿Porqué hay gente que todavía decide pasar la noche en la calle? Pues porque, querida madre, el derecho más inviolable que tienen todas las personas, es el de la libertad… Y cada una, puede decidir, en libertad…, si acepta los recursos y las reglas que las distintas entidades construimos, en la convicción de que trabajamos para que nadie se quede fuera, de un mundo…, en el que seguimos negando el derecho a una vida digna a montones de personas.

Son personas únicas e irrepetibles

Las carencias y pérdidas configuran un perfil: excluidos, olvidados, excedentes… sociedades de riesgo que configuran perfiles y los estigmatizan y condenan: parados de larga duración, mayores , trabajadores sin especialización, no cualificados, precarios…

Las personas sin hogar comparten con otros ciudadanos un conjunto de rasgos, estos rasgos que operan en  estadística son frios sino tienen en cuenta circunstancias personales como la falta de ingresos económicos, de vivienda, de red social y familiar de apoyo, padecer enfermedad, discapacidad , adicciones..que junto con factores de desigualdad de oportunidades, deficiente sistema de protección y dificultad de acceso a recursos generan exclusión social y vulnerabilidad.

Las personas sin hogar y en situación de exclusión social son a menudo tratadas y etiquetadas en conjunto pero son al igual que el resto de personas únicas e irrepetibles.

 

 

 

 

Que cualquier persona pueda acabar en la calle es una triste realidad en nuestro país por esas políticas económicas que desde una Eurozona radicalmente antidemocrática rescatan a los banqueros y no a la gente común.

Un Gobierno decente no puede consentir este ultraje a la condición humana, esta grave violación de los derechos humanos.

Este Ayuntamiento al igual que otros a los que arribaron  las llamadas Candidaturas Muncipalistas  es lo primero que  intentamos paliar.

En Zaragoza en estos meses cerca de 420 casos han sido atendidos dando alternativa habitacional ante lanzamientos forzosos o impagos de alquiler, obviamente no hemos acabado con los desahucios porque depende de una clara y decidida política del Gobierno del país, derogando leyes, aceptando la dación en pago (es decir que una vez dejada tu casa, no te sigan persiguiendo por esas deudas).

El derecho a la vivienda, como el derecho al trabajo, a la  movilidad, a la educación, a la sanidad…en definitiva  a la satisfacción de las necesidades básicas del ser humano nunca debería poder ser objeto de recortes ni reducido a  magnitudes económicas.


Considero importante no generalizar con un colectivo tan heterogéneo como el de personas sin hogar. En ningún caso deberíamos culpabilizar al colectivo de su situación y especialmente en un momento en el que el acceso al mercado laboral es difícil.

Un ejemplo de la heterogeneidad es que en estos últimos años ha aumentado considerablemente el número de personas que se han visto en una situación de calle y siendo personas con un nivel de empleabilidad elevado. El principal problema radica en la situación del mercado laboral incapaz de absorber al flujo de personas en búsqueda de empleo.

Al margen del contexto hay que destacar que cualquier persona para encontrar un trabajo tiene que sentirse preparada, motivada y segura. Esto permite superar los procesos de selección implícitos en la búsqueda de empleo. En este sentido, las personas sin hogar se encuentran en una situación que les dificulta conseguir la inserción laboral5.5.4.dolcafeliu. En numerosas ocasiones tienen que superar, previamente, factores asociados que no sabemos si han sido causa o consecuencia de su situación.

Es importante destacar que un empleo es mucho más que un trabajo. Actúa como un factor fundamental de integración social, permitiendo a las personas llevar una vida digna y autónoma. Es por lo que deberemos seguir luchando, por la igualdad de oportunidades y prestando especial atención a los colectivos con mayores dificultades de inserción en el mercado laboral.

Para muchas personas es inevitable compadecerse de quienes en plena calle solicitan una limosna y darles alguna moneda. Otras piensan que la mayor parte de quienes mendigan lo hacen para gastárselo en vino y que no es buena idea darles nada. Pero seguro que unas y otras nos quedamos con la duda de si hemos obrado bien al dar limosna o al negarla. En mi caso tengo clara la respuesta: limosna nunca.

Desde muy antiguo la sociedad y la gentebienintencionada se vienen planteando si quienes mendigan lo hacen por necesidad o se aprovechan de la gente de buenafe para vivir sin trabajar a costa de los demás. Quizás en aquellos años, aunque existiera mucho “falso pobre”, lo cierto es que algunas personas necesitaban de la caridad pública para sobrevivir.

Pero hoy, aunque hay personas y familias que están pasando muchísimas dificultades, nadie necesita mendigar para sobrevivir. Existen diferentes subsidios y ayudas públicas, así como servicios tanto públicos como de organizaciones sin ánimo de lucro para ayudar a las personas que lo necesitan. Quizás no sean todos los que serían necesarios, pero son suficientes para que hoy día nadie tenga que pasar por la indignidad que supone exhibir en la calle sus necesidades y solicitar la compasión de los viandantes.

Dar limosna no soluciona nada y, por el contrario, contribuye a mantener situaciones de deterioro e indignidad, que podrían encontrar ayuda para superarlas en los servicios adecuados. Y, por supuesto, en no pocas ocasiones la limosna termina agudizando el deterioro de quien las recibe, no solo por que por su culpa no necesitan acudir a estos servicios que les puede ayudar a superar sus problemas, sino porque no tienen otro destino que el consumo de alcohol o de estupefacientes.

Dar limosna puede resultar gratificante para quien la da, pero resulta no solo ineficaz sino, en muchas ocasiones, muy perjudicial para quien la recibe, contribuyendo a mantener situaciones de indignidad y agravando el deterioro de quienes mendigan. Por eso, si te preocupa la situación en la que se encuentran las personas que ves mendigando, y otras que por dignidad no lo hacen, pero que están viviendo circunstancias de grave necesidad, puedes canalizar tu solidaridad ayudando económicamente a organizaciones de reconocida trayectoria en la atención a las personas sin hogar y a personas y familias desfavorecidas. Y si quieres ir más allá, hazte voluntario en alguna de estas organizaciones.

Ah, y no olvides que la solidaridad empieza por pagar impuestos de manera justa, y exigir a las Administraciones Públicas que cumplan, con ello, su compromiso de garantizar a todas las personas una vida digna.

 

Siempre ante una situación en la que percibamos que existe un riesgo potencial para una persona que posiblemente ha consumido algún tipo de sustancia, lo ideal es llamar a los servicios sanitarios de emergencias para que puedan valorar dicho riesgo y su posible traslado a un centro médico donde poder ser atendido adecuadamente.

No se puede tratar de intervenir desde la inmediatez con una persona que esta bajo los efectos del consumo de cualquier tipo de sustancia. En este caso lo ideal como he mencionado es una intervención de urgencia para minimizar los posibles riesgos.

Una vez atendida en un centro medico u hospitalario y junto a su familia en el caso de que disponga de ella, los facultativos que lo han atendido le tienen que tratar de orientar (como así lo hacen en todos los casos) a que acuda a una Unidad de atención y seguimiento de las adicciones, donde se podrá realizar un diagnóstico de su situación e iniciar un proceso terapéutico que le ayude a afrontar dicho problema.

Si es la persona desde su propia conciencia de problema la que nos demanda ayuda, trataremos de orientarla y si es necesario acompañarla, a una de estas unidades de atención y seguimiento de las adicciones, para que pueda solicitar una cita inicial de cara a iniciar el proceso de diagnóstico.

 

Esta pregunta se la hace un buen número de personas y suele ser recogida de inmediato por las administraciones para reducir el volumen de ayuda a lo que la ONU llama países menos adelantados y nosotros simbólicamente el Sur. En España la cooperación se ha visto reducida en un 75% aproximadamente a lo largo de estos últimos años, no así en otros países que también han sufrido ”la crisis”.

Muchos de los que se interrogan lo hacen de buena fe, al igual que algunos responsables de entidades públicas (en general, pequeños ayuntamientos cuyas comunidades sufren un alto porcentaje de paro). En otras ocasiones no es más que una autojustificación de la falta de altura moral, pues suele redundar en que no se apoya ni a los de allí ni a los de aquí.

La primera consideración es que ¡ya quisieran todos esos países estar “el doble de mal” que nosotros! No tienen comparación nuestros niveles de pobreza con los suyos.

Pero la solución de ese dilema no puede venir más que por la vía del reconocimiento universal de derechos. Tenemos claro que todas las personas (de nuestro país) tienen una serie de derechos básicos (alimentación, salu
d, educación, vivienda, trabajo decente, igualdad de oportunidades, jubilación, atención a situaciones especiales, libertades cívicas…), es decir, una vida digna. ¿Y en los demás países? Sabemos que en algunos tienen mejor situación que nosotros, pero hay otros muchos, la gran mayoría de la población mundial, que carece de casi todos ellos. Es lo que nos habría pasado a cada uno de nosotros si hubiésemos nacido en Sierra Leona, en Níger, en Burkina Faso, en Mali, en Burundi… Solemos explicar, según cada ideología, por qué están así en esos países frente cómo estamos en los nuestros. Pero no se trata de dar explicaciones “técnicas” a esa realidad. ¿Alguien podría contestar a esa pregunta
metaética de por qué YO he nacido aquí y no allí? ¿De dónde me viene ese privilegio?

Hemos de llegar a una conciencia de ciudadanía universal, dejar atrás el concepto decimonónico de estado-nación, para integrarnos en unidades regionalizadas (tipo Unión Europea, aun con su precariedad) que vayan nivelando desigualdades, de cara a llegar a un estado-planeta en el que haya una distribución equitativa de cargas y beneficios: que todas las personas disfruten de todos los derechos en todos los lugares del mundo. Es algo utópico pero puede orientar medidas a tomar que vayan en esa dirección y no en su contraria, como la de reducir la cooperación porque “¡con la que está cayendo aquí!”.

En Zaragoza hay bastantes recursos para las personas que se encuentran en situación de calle por lo tanto el problema no es de cantidad sino de saber dar una respuesta adecuada a las distintas situaciones que se nos plantean por parte de las personas que se ven abocadas a vivir una situación tan traumática y dolorosa como es el verte solo en la calle. Los recursos de urgencia dan respuesta a una situación de sin hogarismo muy minoritaria y deberían transformarse en centros de media y larga estancia. Los recursos se deberían adaptar más a las personas y no al revés y las respuestas tendrían que ser más rápidas y que no estuviese todo tan protocolarizado. Existen plazas en los pisos de transito pero son las menos y sujetas a unos criterios no siempre flexibles. . Nos tendríamos que preguntar: ¿ porque algunas personas prefieren dormir en la calle a tener que utilizar los recursos de la red de personas sin hogar?. El verdadero problema es el acceso a una vivienda propia y estable.

El objetivo principal de un Comedor Social, además de atender las necesidades básicas de las personas, es también hacerles sentir centro de su vida, que cada uno se sienta escuchado y apoyado, siempre con el fin último de favorecer su inclusión social.

Por supuesto que no solucionamos su problema. Eso depende de la voluntad política y de la dinamización de las políticas sociales que se desarrollen tanto a nivel nacional, autonómico y local, siempre teniendo en cuenta la colaboración de entidades sociales que son las que están, realmente, a pie de calle. Como novedad, en 2015 se aprobó la Estrategia Nacional Integral para Personas Sin Hogar (2015-2020) con el objetivo de dar respuesta a la situación de estas personas y crear un marco integral de actuación. Este documento pretende ser el “marco de enfoque, método y acción compartido administración pública y tercer sector. “

Desde un Comedor Social o Centro de Día se deben proporcionar los cauces necesarios para favorecer la promoción personal y social de los usuarios que a diario se atienden. Además es necesario sensibilizar a la población, dando visibilidad y concienciando sobre la realidad de las Personas Sin Hogar.

La Unión Europea es hoy un inmenso entramado institucional diseñado por las élites tradicionales de los diferentes estados para servir sus propios intereses. Por eso, desde las autoridades comunitarias se ha hecho un enorme esfuerzo por, por ejemplo, blindar los beneficios de la banca a expensas del gasto social en el caso español, o por permitir el desahucio de la primera vivienda en el caso griego. Sin embargo, no ha exis
tido este interés para elevar e igualar los derechos de las personas, que desde el inicio de la crisis se han ido reduciendo a la par que aumentaba la desigualdad, convirtiendo al Estado Español en el segundo más desigual de la UE, donde el 1% de la población con mayores ingresos concentra la misma riqueza que el 80% con menores ingresos.

Las autoridades europeas, al igual que las estatales, no se han encargado de reducir esta brecha de desigualdad ni de paliar sus consecuencias más inmediatas. No existe a nivel estatal ni europeo un Plan Integral que aborde las necesidades de las personas sin hogar, y con la reforma de la Ley de Bases el Gobierno del PP ha hurtado a la capacidad de realizar estas políticas a los pocos ayuntamientos que las realizaban. Mientras el número de personas sin hogar no ha parado de crecer hasta alcanzar las 30.000 en el Estado Español, las grandes empresas del Ibex 35 han multiplicado sus ingresos, y miembros de esta minoría privilegiada han aumentado sus salarios gasta los 9,5 millones de euros en el caso del presidente de Iberdrola o los 8,7 millones en el caso del de Telefónica. El sueño de una Unión Europea de igualdad que equiparara en derechos a todos sus ciudadanos se desvanece con estas cifras, ya que por mucho que con la boca pequeña haya criticado las cláusulas abusivas de la banca española, son las autoridades europeas quienes generan esta desigualdad a través de la subordinación de cualquier gasto público al pago de la deuda. En la práctica, esto ha significado la desaparición de todos los servicios públicos que atendían las necesidades de personas sin hogar, que han quedado ahora en manos de organizaciones no gubernamentales con un apoyo financiero cada vez más escaso.

De esta manera, no estamos ante un problema de escasez. Hay 3,4 millones de viviendas vacías en el Estado Español, muchas más que personas sin hogar. Se trata de un problema de distribución de los recursos. Es importante ser consciente de que para que unos pocos tengan sueldos astronómicos, es necesaria la miseria y explotación de miles de personas y que, para revertir esta situación es necesario cambiar las estructuras de poder, comenzando por una Unión Europea que ha decidido cortar de raíz el gasto público en beneficio de unos bancos que acumulan decenas de miles de viviendas vacías.